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domingo, 3 de septiembre de 2017

El Perú ajeno

Manda el señor dinero ¿Cómo se explica, que nuestros principales puertos, áreas urbanas, espacio aéreo, minerales, recursos naturales y hasta nuestros pescaditos sean entregados sin pestañeo alguno a manos de Chile?



Escribe: Alejandra Dinegro.
La leche no es leche, el chocolate no es chocolate y el Perú, dejó de ser peruano. Es necesario decirlo así tan fríamente, porque el Perú dejó de preocuparse de sus propios habitantes, de su cultura, de su tradición, de sus valores, de su presente y su futuro.
Todos los países del mundo resaltan sus grandes valores representativos, lo mejor de su arte, de su industria, de su educación, de sus tradiciones: pero el Perú sigue siendo “madrastra de sus propios hijos y apasionada madre de ajenos”, como bien lo dijo, el Inca Garcilaso de la Vega.
CHILE
Las pretensiones que Chile mantiene hacia nuestro país, es un sueño históricamente sostenido por parte de la república sureña. Los propósitos de Chile siempre fueron la conquista y la anexión de territorios bajo la tutela de ellos. Pero ese no es el tema de fondo, seguirá siendo nuestro hermano país vecino.
Las hazañas y tradiciones históricas que como legado, nos dejaron grandes personajes nacidos en nuestra tierra, son simplemente tirados por la borda y reemplazados por las órdenes del señor dinero. ¿Cómo se explica, que nuestros principales puertos, áreas urbanas, espacio aéreo, minerales, recursos naturales y hasta nuestros pescaditos sean entregados sin pestañeo alguno a manos de Chile? Pero nuevamente, el problema de fondo no es ese.
El problema central es la élite gobernante del Perú que se dedica a regalar todo aquello que pueda comercializar y que esté al alcance de sus manos, sin pensar en un proyecto país que deje de sostenerse en un modelo primario exportador. En sus razonamientos ni se asoma la importancia de impulsar el mercado interno, la producción agraria nacional, las mypes, la diversificación productiva y los procesos de industrialización, allí donde hay materia prima para hacerlo.
No hay problema en que el capital privado invierta en nuestro país, es saludable abrir nuestro mercado a inversionistas de todo el mundo. Sin embargo, hacemos hincapié en el hecho de favorecer con prerrogativas legales y políticas, la adjudicación de importantes núcleos focales que nos permitirían -con una adecuada política de gobierno-, fortalecer importantes áreas nacionales que mantienen en pie al país.
Al Perú NO lo sostiene la gran empresa que mantiene deudas millonarias con el Estado (más de 12 mil millones de soles). Todas ellas, empresas extranjeras, usureras, que brindan un mal servicio, monopólicas, que contaminan, que fomentan la corrupción, que explotan y que tienen una considerable influencia en el sector gubernamental del Perú. Por lo tanto, quienes sostienen este país, son el sector construcción, microempresarial, manufacturero, nuestros recursos energéticos, pesqueros, textil, agrario, entre otros. Lamentablemente, todos en ellos en crisis por sus bajos niveles de productividad desencadenados por la ausencia de interés público en potenciar estos sectores nacionales.
Si el Gobierno quisiera hacer historia, se pondría los pantalones y haría lo que gobiernos anteriores no hicieron: cobrarle esta inmensa deuda a estos grandes consorcios empresariales y traer dinero al fisco para elevar los salarios de los profesores, médicos, trabajadores, en fin. Pero no lo hará porque justamente forman parte activa de estos grandes consorcios empresariales que le suple de tecnócratas con ninguna muñeca política para resolver los problemas de este país llamado Perú.
SOLO POR DAR UN EJEMPLO
Las empresas transnacionales Telefónica y Pluspetrol (los mayores deudores con el Estado) tienen una fuerte influencia en el Gobierno actual de PPK. Tanto así que la actual ministra de Energía y Minas, fue directora de la empresa española Llorente & Cuenca y luego vicepresidenta de la Confiep, que tienen como clientes y colaboradores a Telefónica del Perú y a Pluspetrol, respectivamente. Por cuestiones tan básicas como estas, sabemos que sencillamente PPK y su Gabinete alimentan bocas ajenas dejando hambrientos a los suyos. Eso sin mencionar, al ministro de Producción y más.
Y el hijo ajeno que hoy en día alimenta, es Chile, nuestro eterno hermano celoso. Debido a la salida de los huaycos y a los miles de afectados, el Estado emprendió la fase de “Reconstrucción con cambios” y tuvo la genial idea de comprar viviendas temporales de cartón. Hasta el momento se han adquirido 20, 465 módulos de 18m2(no cuentan con baño, ni luz o agua y duran menos a 3 años, y cuesta S/ 15,000). Sin embargo, la misma vivienda, construida en madera con techo de calamina, fabricado en el mercado nacional, cuesta 3,500 soles. Pese a ello, la compra se le realizó a 3 empresas chilenas.
Hace unas semanas, mientras nos tenían obnubilados con el tema Venezuela, el Ministerio de la Producción, emitió un decreto inconstitucional que exoneraba a empresarios chilenos de no poder comprar, dentro de los 50kms de frontera, terrenos para que Aventura Plaza y Open Plaza (empresas del Grupo chileno Falabella), tener propiedades con el fin de levantar ‘malls’ en dicha zona .El 9 de agosto el Ministerio retrocedió a regañadientes.
Nuestra anchoveta es el pez más barato y codiciado a su vez, pues se paga menos de 5 dólares por tonelada extraída. Chile y sus empresas tienen licencias para pescar en todo nuestro litoral, especialmente en aquel trapecio que nos llevó hasta la Corte de la Haya. Con toda la variedad de riqueza marina, no tendría por qué elevarse los niveles de anemia en nuestros niños, ni debería existir desnutridos.
¿Cuál es el gran interés de PPK y de su Gobierno, en favorecer a ciertas empresas chilenas, en determinadas inversiones en nuestro territorio? ¿Será que aún no olvida sus puestos gerenciales en muchas de esas empresas?

martes, 12 de enero de 2016

Pobladores celebraron creación de distrito DE La Yarada-Los Palos



  • ·        Desde hace 7 años se trabajó para crear La Yarada-Los Palos

Luego de que el presidente Ollanta Humala promulgara la ley que crea el distrito de La Yarada- Los palos, los pobladores y sus autoridades izaron el Pabellón Nacional y embanderaron sus viviendas, celebrando de esa manera ese acontecimiento histórico.
La promulgación fue hecha en Palacio de Gobierno, en horas de la mañana del día 07 de Noviembre del 2015.
Gloria Gutiérrez, regidora del centro poblado Los Palos, expresó su alegría al recibir la noticia. “Nosotros somos los guardianes de la frontera sur, y queríamos vivir tan igual como otros pueblos, por eso ahora estamos muy contentos”, dijo muy emocionada.
Los pobladores del distrito La Yarada-Los Palos, que limita con Chile e inicia su demarcación en el Punto Concordia, confían en que ahora el Ejecutivo pondrá interés en el sector que no cuenta con servicio de agua potable ni alcantarillado, y tiene limitadas vías de acceso a algunas zonas.
Nicolás Apaza, regidor del centro poblado La Yarada, lamentó la interferencia de las autoridades chilenas ante la creación del nuevo distrito en la provincia de Tacna.
“Causa malestar la actitud de las autoridades chilenas. Para nosotros es claro que la frontera entre Perú y Chile se definió con el Tratado de 1929”, indicó. Los pobladores del nuevo distrito tacneño demandaron mayor interés en el desarrollo de la zona. Precisaron que quieren exportar a otros países los productos que producen.
HABLA EL PRESIDENTE
"Esto se inscribe en la necesidad de propiciar la descentralización política, económica y administrativa del país. En especial, dar prioridad al desarrollo en las zonas de frontera y espacios de nuestra geografía que históricamente han sido dejados de lado", dijo el jefe del Estado, Ollanta Humala, al promulgar la ley y comprometió a su Gobierno a realizar obras para impulsar el desarrollo de ese nuevo distrito fronterizo.
CHILE RECHAZA CREACIÓN DE DISTRITO
Por su parte el Gobierno de Chile rechazó enérgicamente “este acto legislativo que se ha promulgado, inoponible a Chile y sin efecto jurídico alguno sobre el límite político internacional, el Gobierno de Chile lamenta que el mismo amague los esfuerzos por avanzar en una agenda bilateral positiva", expresó la cancillería chilena.

Hay que anotar que, históricamente y legalmente, las provincias de Tacna, Arica y Tarapacá le pertenecen al Perú, pero las dos primeras le fueron arrebatadas en la Guerra del Pacífico mediante una ocupación militar.

sábado, 13 de septiembre de 2014

“Copiona” no hizo nada por su tierra natal Contumazá y hoy pide votos para ser presidenta



La ex congresista Rosa Florián Cedrón, hoy candidata a la presidencia regional de Cajamarca -quien habría plagiado el plan de gobierno de la actual presidenta de Chile, Michelle Bachelet- no hizo nada por su tierra natal Contumazá y hoy pide votos a los contumacinos porque quiere ser presidenta de la región Cajamarca.
Sin embargo es rechazada por su pueblo, al extremo que cuando presentó a sus candidatos municipales nadie le dio importancia y esto es un preludio del resultado negativo que obtendrá en las elecciones que se avecinan.
Doña Rosa no puede ocultar su pasado fujimorista ni pepecista, tiendas políticas ligadas a los grandes empresarios que están detrás de la explotación del proyecto minero Conga. Indudablemente es una obrera del gran poder económico que ha venido a engatusar a los cajamarquinos con la intención de tomar las riendas del gobierno regional y, desde allí, defender los intereses de sus amos.
De no ser así, ¿por qué no apoyó con obras a la provincia que la vio nacer cuando ocupó importantes cargos en el Congreso de la República? Contumazá está prácticamente abandonada, incluso su carretera que la une con Cajamarca recién está siendo asfaltada por una empresa que trabaja a paso de tortuga, proyecto en la que la candidata a la presidencia de la región Cajamarca no ha puesto un dedo.
“Por sus frutos los conoceréis. Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces… dice la Biblia (Mateo 7.16 – 7-20). Así que están avisados los paisanos cajamarquinos Piensen en su futuro antes de votar por el caño, porque en vez de recoger agua saludable pueden beber agua contaminada.


sábado, 1 de febrero de 2014

El día que Velasco quiso invadir Chile


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• Si se hubiera atacado en 1975, el Ejército Pe­ruano habría penetrado hasta Copiapó, según re­conoció el propio dicta­dor Augusto Pinochet.
• El “Día D” debía ser el 5 de octubre de 1975, con un ataque masivo so­bre Chile por aire, mar y tierra, recuerda el Dr. Clemente Manco Villacor­ta, en su libro “Realidad Nacional”.
PLANES DE GUERRA CONTRA CHILE
Uno de los objetivos prin­cipales del general Juan Velasco Alvarado fue la re­cuperación de territorios peruanos que fueron arre­batados por Chile en la Guerra del Pacifico. Se es­tima que su gobierno gastó dos mil millones de dóla­res estadounidenses en la compra de armamento a la Unión Soviética.
Según algunas fuentes, el gobierno de turno adqui­rió entre 600 y 1,200 tan­ques T-55, entre 60 y 90 cazabombarderos Su-22, y cerca de 500,000 fusiles Kalashnikov. Se dice que el gobierno estuvo viendo la posibilidad de comprar el portaaviones británico HMS Bulwark (R08) para apoyar la ofensiva.
El “Día D” debía ser el 5 de octubre de 1975, con un ataque masivo por aire, mar y tierra, pero los prepara­tivos militares no pasaron desapercibidos en Chile, que a su vez empezó a pre­pararse para la guerra.
El dictador Augusto Pino­chet tuvo un encuentro con el secretario de Estado es­tadounidense Henry Kissin­ger, en el que tocaron este tema.
Posteriormente Pinochet declaró en 1999 que si Perú atacaba Chile en 1975, el país habría sufrido una quiebra financiera y “el Ejército peruano habría pe­netrado hasta Copiapó”.
EL DÍA QUE NO ESTALLÓ LA GUERRA CON CHILE
Durante 1974 y 1975, la tensión prebélica subía y bajaba en Chile. Desde que el general Juan Velasco Al­varado iniciara en el Perú el mayor rearme de su histo­ria, el gobierno del general Pinochet se preparaba para enfrentar un posible ataque peruano. Y aunque pocas declaraciones bélicas se ha­bían cruzado, en Chile per­sistía la certeza de que, si pudiera, Velasco intentaría recuperar la zona de Arica, perdida luego de la Guerra del Pacífico.
A fines de julio de 1975, Velasco se apersonó al Pen­tagonito -sede del Comando de las Fuerzas Armadas-, revisó los planes, analizó los mapas desplegados y entre­gó sus últimas instruccio­nes. Luego partió a Arequipa con el fin de arengar perso­nalmente a las tropas: “Sol­dados -señaló emocionado-, en ustedes recaerá, para la historia, el honor de escri­bir la página más brillante del Ejército Peruano, cuan­do sus botas pisen nuestro suelo santo de Arica, recién entonces podremos decir: ¡Coronel Bolognesi, puede usted descansar en paz!”.
Hoy -38 años después-aún circulan innumerables versiones de porqué el pre­sidente nunca dio la orden de iniciar el ataque. Una de ellas –de origen peruano-relata que, cuando Perú se aprontaba a lanzar su ata­que sobre Chile, los satéli­tes estadounidenses regis­traron los movimientos de la tropa y la Casa Blanca fue quien detuvo a Velasco Alvarado. Para Estados Uni­dos, los vínculos peruanos con la URSS eran un fuer­te argumento para impedir la agresión, además de que a Washington jamás le ha interesado un conflicto mi­litar en Sudamérica, por las consecuencias que podría acarrear en esta área de su influencia.
Otra versión -recogida por la Marina chilena– apunta a que fue la fuerza naval peruana el gran freno para una incursión bélica. Sien­do la Marina la rama más derechista de las Fuerzas Armadas peruanas, con di­fíciles relaciones con Velas­co durante todo el gobierno, los altos mandos habrían declarado no estar listos en 1975, ya que su rearme ha­bía sido el más lento de to­dos y su poder de fuego se consolidaría sólo unos años después.
Sin embargo, más allá de las conjeturas, lo que puso punto final al peligro de guerra fue el derrocamien­to del general Velasco, en la madrugada del 29 de agosto de 1975. Paradójicamente, el hombre que lo sacaría de Palacio de Gobierno sería el mismo a quien el propio Ve­lasco había señalado como su sucesor, el Comandante en Jefe del Ejército, general Francisco Morales Bermú­dez, uno de los conspirado­res del golpe de Estado de 1968.
CHILE TEMIA LA INVASION
La revista chilena “Qué Pasa” publicó hace un tiem­po una larga serie sobre los preparativos que hizo Chi­le para defenderse de un ataque peruano en 1975. La versión mapocha sobre este tema es interesante, pues revela el clima de ten­sión que vivió el vecino del sur ante la inminencia de una ofensiva militar -bási­camente con tanques rusos T-55- del Ejército peruano comandado por el entonces presidente Juan Velasco Al­varado. Aquí unos párrafos de su informe:
“Arica, con una población de 90 mil personas, está en pie de guerra. El Ejército chileno se ha plegado -listo para el enfrentamiento- en la más grave crisis militar de las últimas décadas. Al otro lado del límite las tro­pas peruanas se levantan en una gigantesca movilización sobre la frontera con Chi­le. Desde Lima, el gobierno de Juan Velasco Alvarado, vuelve a alistar su poderosa maquinaria militar.
No es la primera noche y tampoco será la última en que los soldados ocupen trincheras y arenales, y en la que se teme que, final­mente, Chile y Perú se en­frenten en una sangrienta guerra. Durante meses de larga tensión, una y otra vez se repetirán los hechos. Una y otra vez Arica se apronta­rá a defenderse en esa larga espera que, desde hace más de un año y medio, vive el norte chileno.
Todas las Fuerzas Arma­das chilenas se han volcado al norte, aunque en Santia­go nada de la tensión que se vive se filtrará a la prensa”.

¿Festejar qué?


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Por: Rafael Belaunde Aubry
El 28 de agosto de 1929 el Perú recuperó Tacna con sus doce millas de mar territorial y con un poten­cial para proyectarse mar aden­tro en el futuro.
En 1947, Chile reclamó para sí las aguas encerradas por el perímetro constituido por la línea de su costa y una línea imaginaria paralela a esta y ubicada 200 millas mar aden­tro. Implícitamente, esa decla­ración equivalía a declarar que los extremos libres de las líneas paralelas se unirían mediante perpendiculares y, en el caso de la colindancia de Chile con el Perú, la perpendicular equi­valdría casi a un paralelo que cruzaba, diagonal, las orillas tacneñas.
Al secundar la iniciativa chi­lena de reclamar doscientas mi­llas, el Perú no tuvo la entereza para encarar el problema de la superposición marítima que la declaración chilena implicaba. Optó, entonces, el gobierno del Dr. Bustamante por un anodi­no disimulo. Digamos que se dejó en el limbo un asunto es­pinoso. Imagino, por compara­ción, cuan airada hubiera sido la reacción de Chile si el Perú hubiera osado formular una declaración que implicara cer­cenar en dos las aguas frente a Arica.
Sea como fuere, Chile supo entonces que debía aprovechar la falta de firmeza peruana; que era cuestión de perseverar di­plomáticamente para empujar un poco más su causa. Y avan­zo sin mucho esfuerzo. Pasados escasos siete años, en 1954, siendo presidente de la Repú­blica el usurpador y fraudulen­to general Odría, el Perú sus­cribió un convenio de pesca en uno de cuyos puntos se alude al paralelo como límite marítimo, a pesar de no existir tratado es­pecífico sobre la materia. La in­verosímil torpeza peruana es el sustento que utiliza la corte de La Haya para afirmar que estos dos países reconocían, inclu­so antes de la suscripción del convenio de marras, el paralelo como límite marítimo.
Durante la segunda mitad del siglo XX, los derechos eco­nómicos de los Estados ribere­ños se extendieron hasta las doscientas millas, en gran me­dida gracias a los esfuerzos y a las iniciativas internacionales promovidas por el Perú, Chile y Ecuador. Pero si sumamos fuerzas para extender hasta las 200 millas nuestros derechos sobre el mar, ¿por qué no hubo equidad entre nosotros al pro­yectas desde la costa los límites marítimos entre nosotros? ¿Por qué no exigimos desde el prin­cipio la bisectriz como lindero? ¿No era eso lo equitativo? ¿No sabían nuestras autoridades que el bisector divide un ángulo en dos partes iguales? ¡Euclides lo demostró 300 años antes de Cristo!
¿Por qué no pudimos mante­ner intacta a Tacna, tal como se la recuperó en 1929, con sus eventuales derechos potencia­les incluidos? ¿Por qué un sec­tor de su litoral ahora es seco si no lo era el 29? ¿Por qué es Chi­le y no el Perú el beneficiario del grueso de las riquezas marinas frente a sus costas? Dejémonos de estupideces: no es pertinen­te festejar. Tacna, en todo caso, no tiene nada que festejar.
En La Haya, el Perú ha recu­perado únicamente la porción menos significativa de lo que perdió debido a las torpezas del pasado. Hemos apelado a la justicia internacional para tratar de enmendar, aunque sea en parte, un inaudito daño parcialmente autoinflingido. La gallarda y lucida actitud de Bá­kula, ya fallecido, de Wagner, de Rodríguez Cuadros contra­rresta en algo la ineptitud de varios antecesores. Estos em­bajadores sí supieron antepo­ner los intereses permanentes del Estado a los apremios co­merciales del momento. Así han salvado el honor de la Canci­llería.
Ojalá que este triste y dramá­tico episodio sirva para enten­der que los Estados no tienen hermanos, ni amigos, ni veci­nos solidarios. Entre ellos no hay idilios, como sugirió un eu­fórico García respecto al Ecua­dor hace algún tiempo.
Los Estados sólo tienen inte­reses.
La sentencia de la Corte de La Haya debe acatarse con resig­nación y punto. La vergüenza no es motivo de festejo. Tacna merece más respeto.

EDITORIAL: A la patria hay que defenderla con cojones


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Por: Luis Eloy Plasencia Torres
Otro recorte más al territorio del Perú, pero esta vez no se ha disparado ni una bala en defensa de la soberanía nacional sino que se ha re­currido a jueces extranjeros para que definan la propie­dad histórica de nuestro mar.
Es decir no se ha defen­dido lo nuestro con cojones – con ese valor y sacrificio que lo hicieron Francisco Bolognesi, Miguel Grau, Al­fonso Ugarte, Justo Arias Aragüez, entre otros héroes - sino con alegatos y decisio­nes de huevones – de gente que cree que repartiendo te­rritorio ajeno se fomenta la justicia y la paz.
El 27 de enero del 2014 será recordado como un día de traición y dolor para los que amamos el Perú. Jamás podremos olvidar el rostro desencajado y los reclamos airados de Tacna, provincia a la que, con el fallo de la Corte Internacional de Jus­ticia de La Haya, se le ha arrebatado el mar heredado de nuestros antepasados.
Con el fallo de La Haya, El Perú recuperó 50,284 kiló­metros cuadrados de mar -de los 66,680 que solicitó-pero en aquellas aguas la pesca es escasa y Tacna no ha ganado nada, se quedó sin mar y sin recursos.
En cambio Chile ganó 80 millas de mar peruano don­de se encuentra la pesca dorada, lo mejor en ancho­veta -que se ubica dentro de las 10 millas de la costa marina-, perico y pota. Allí es donde hay más cantidad de cardúmenes. Además ob­tuvo 16, 352 kilómetros del área en disputa.
Así se le paga al pueblo heroico de Tacna que de­fendió con gran patriotismo el territorio nacional en la funesta Guerra del Pacífico cuando los chilenos invadie­ron, saquearon y ultrajaron a varios pueblos hermanos en complicidad del ex pre­sidente peruano Nicolás de Piérola quien se había con­vertido en Felipillo del go­bierno de Chile, como reve­la el escritor Antonio Gárate en su obra “Por 10 Centavos de Salitre”.
¿Acaso ese dictamen in­ternacional es la venganza de los primos hermanos del bárbaro Atila y del ex dic­tador sanguinario Augusto Pinochet quienes no pueden asimilar la derrota plebisci­taria que hace 85 años les infringió Tacna al ritmo de nuestro Himno Nacional y con el paseo apoteósico de la bandera peruana?
Ese fallo, que es una ofen­sa a la memoria de nuestros héroes, fue recibido con sal­tos y gritos de victoria por el presidente Ollanta Humala junto a políticos acostum­brados a regalar o vender nuestra patria.
“En total, el tribunal su­pranacional le reconoció al Perú más del 70% de lo que pidió en su demanda”, afir­mó el Presidente y aseguró que se respetará el fallo de La Haya.
Esa euforia fue reproduci­da en los principales medios de comunicación del país: “Triunfó el Perú”, “Victoria Peruana “decían sus titula­res.
Mientras tanto el primer ministro, César Villanueva, trataba de calmar los áni­mos sublevados de los tac­neños, prometiéndoles la implementación de proyec­tos de desarrollo para esa provincia fronteriza cuyos pueblos -en mayoría- ca­recen de los servicios bási­cos como son luz eléctrica y agua potable, en pleno Siglo XXI.
Al día siguiente del fallo de La Haya, el Presidente Ollanta envió un barco con marinos para que hagan el reconocimiento del mar re­cuperado.
¡Puro teatro para avalar una traición anunciada! que se venía cocinando desde 1,947, cuando el ex Presi­dente José Luis Bustaman­te y Rivero no tuvo firmeza para rechazar la superpo­sición marítima que Chile aplicó para apropiarse del mar de Tacna, so pretexto de la declaración de las 200 millas.
A esa debilidad se sumó la torpeza del dictador Manuel Odría quien –en 1,954- sus­cribió un convenio de pesca con Chile, en uno de cuyos puntos se alude al paralelo como límite marítimo. Des­pués vinieron los acuerdos de1,968 y 1,969 firmados por Perú y Chile en los que se ratifica una frontera ma­rítima entre ambos países que empieza en el paralelo que corre a través del Hito N° 1 y no desde el Punto de la Concordia.
Todo un andamiaje jurídi­co que Chile había levanta­do, con el correr de los años, para quedarse con nuevas extensiones de nuestro te­rritorio y mar de los cuales se había apoderado ilegal­mente, después de firmar el Tratado de Ancón.
Con éstos y otros antece­dentes diplomáticos -plaga­dos de errores y debilidad de nuestros gobernantes- que fueron plasmados en trata­dos y acuerdos internacio­nales, el Perú jamás debió ir a una corte internacional de justicia para recuperar sus territorios que le fueron robados tras una guerra sangrienta y destructora, máxime si el país invasor ni siquiera respetó ni cumplió el Tratado de Ancón con el que culminó la conflagra­ción.
Somos peruanos y, como tales, conocemos que Chile nos arrebató las provincias sureñas de Arica y Tarapacá -incluido su mar por ser te­rritorios costeños- mediante una guerra en la que hubo traición y rapiña.
Dice la historia que “la guerra concluyó oficialmen­te el 20 de octubre de 1883 con la firma del Tratado de Ancón, mediante el cual el departamento de Tarapacá pasó a manos chilenas per­manentemente y las provin­cias de Arica y Tacna que­daron bajo administración chilena por un lapso de 10 años, al cabo del cual un plebiscito decidiría si que­daban bajo soberanía de Chile, o si volvían al Perú.
A la firma de este tratado, el departamento de Tacna contaba con tres provin­cias: Tacna, Arica y Tarata. En 1885, dos años después del tratado, Chile ocupó la provincia de Tarata, la cual fue devuelta al Perú el 1 de septiembre de 1925 por re­solución del árbitro Calvin Coolidge, presidente de los Estados Unidos.
Casi medio siglo después, el 28 de agosto de 1929, Chile devolvió la provin­cia de Tacna a Perú con la firma del Tratado de Lima, que contó con la mediación de Estados Unidos y decidió que gran parte de la provin­cia de Tacna fuese devuelta al Perú mientras que Arica y el resto quedara definiti­vamente en manos de Chile.
Han transcurrido casi 85 años desde aquel plebisci­to glorioso en que el pueblo tacneño dejó a los invasores con el rabo entre las pier­nas. Pero Chile, lejos de cumplir el Tratado de An­cón, se adentró en el mar de Tacna y, en el colmo de la desvergüenza y la ambi­ción, lo reclamó como suyo ante la pasividad y desidia de nuestros políticos y go­bernantes que -aparte de firmar tratados entreguis­tas- durante muchos años se hicieron los sordos y de la vista gorda ante la inva­sión despiadada y astuta de los chilenos en territorio pe­ruano.
Fue el general Juan Velas­co Alvarado -que gobernó el Perú desde el 03 de octu­bre de 1,968 hasta el 29 de agosto de 1,975- quien estu­vo a punto de invadir a Chile para recuperar lo nuestro.
El “Día D” debía ser el 5 de octubre de 1975, con un ataque masivo sobre Chi­le por aire, mar y tierra, recuerda el Dr. Clemente Manco Villacorta, en su li­bro “Realidad Nacional”.
Desgraciadamente, fue traicionado por el general Francisco Morales Bermú­dez, quien lo sacó del cargo en la madrugada del 29 de agosto de 1975, mediante un golpe de Estado, faltan­do escasos días para iniciar el ataque.
Si las Fuerzas Armadas del Perú hubiesen atacado a Chile, habrían penetrado hasta Copiapó, según reco­noció el propio dictador Au­gusto Pinochet, y habrían recuperado nuestra sobera­nía.
Después de Velasco, nues­tros gobernantes se han de­dicado a desarmar, práctica­mente, a nuestras Fuerzas Armadas en nombre de la paz y la integración con los países vecinos. Producto de ello es la pérdida de territo­rio nacional tras la última guerra con el Ecuador y el recorte de mar de Tacna con el fallo de La Haya.
Y es que la soberanía na­cional no se defiende con declamaciones románticas o de buena amistad, menos desmantelando a las fuerzas militares. Tampoco con tra­tados internacionales en los que casi siempre engatusan a nuestros representantes.
No, señores políticos y go­bernantes, la soberanía na­cional se defiende con las Fuerzas Armadas, tal como lo ordena nuestra Consti­tución Política. Así como lo hacen otros países que no ceden ni un milímetro de su territorio ante un país inva­sor.
Para honrar a Grau y nuestros héroes de la Gue­rra del Pacífico debimos sa­car a los chilenos del mar de Tacna utilizando nuestras fuerzas militares y no debi­mos seguir el juego del dís­colo y cobarde ex presiden­te Alan García Pérez quien a través de su embajador Juan Miguel Bákula inició el proceso contencioso de La Haya.
Nuestra soberanía nacio­nal se debe defender con decisión y coraje, no con puntos de la concordia, pa­ralelos y otros argumentos que, en nombre de la paz, utiliza la oligarquía para defender sus intereses eco­nómicos, dejando de lado el sagrado deber de proteger a la Patria ante el expansio­nismo chileno.
Los chilenos nos tildan de cobardes porque nuestros gobernantes han recurrido a un tribunal internacio­nal para delimitar nuestra frontera marítima. Empero no deben generalizar al dar ese calificativo que ofende a todos los peruanos, porque el Ejército de Bolognesi, la Marina de Grau y la Avia­ción de Quiñones están a la espera de nuevas órdenes para defender y recuperar nuestro territorio nacional.
Ya es hora de que gobierne otro hijo del pueblo, como el general Juan Velasco Alva­rado, para que rearme a las fuerzas militares y comande a nuestros valientes solda­dos en defensa de la sobe­ranía y la dignidad nacional.
El fallo de La Haya -debido a su injusticia y por ser obra de huevones- no garantiza la paz entre el Perú y Chile. Chile quiere más y hay que defender a nuestra Patria con cojones.