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domingo, 3 de septiembre de 2017

La Procesión de la Bandera

"Apareció el estandarte en la puerta del templo, y las diez mil personas congregadas en el atrio y en las calles inmediatas se agitaron un momento y luego, sin previo acuerdo, como impulsadas por una sola e irresistible voluntad, cayeron, a la vez, de rodillas extendiendo los brazos hacia la enseña bendita de la Patria".





Autor: Federico Barreto
Tacna y Arica –lo mismo que Alsacia y Lorena– han sido teatro durante su largo cautiverio de episodios interesantísimos que han hecho proverbial en todas partes el patriotismo inextinguible de los hijos de aquellas provincias. Desgraciadamente, en el Perú no ha habido un escritor que –a semejanza de Alfonso Daudet en Francia– haya eternizado esos sucesos en el libro, para ejemplo de las generaciones venideras y también para honra y gloria del país.
Yo, que he nacido en Tacna y que he pasado allí mi niñez y parte de mi juventud, he sido testigo presencial de esos episodios que recuerdo siempre con orgullo. Un compañero de labores periodísticas me pide que narre alguna de estas anécdotas, y accedo a la demanda, a sabiendas de que mi relato no producirá en el ánimo de las personas que lo lean la honda impresión que sacudió mi espíritu cuando vi desarrollarse ante mis ojos la inesperada y conmovedora escena que voy a referir.
Ocurrió el caso en 1901. Era por entonces Intendente accidental de Tacna el general don Salvador Vergara, hombre impresionable y receloso que, durante su breve administración mantuvo siempre sobre las armas, lista para cualquier evento, a la guarnición militar que se hallaba a sus órdenes, como si esperara que un enemigo invisible atacara la plaza de un momento a otro.
Una institución tacneña muy antigua y muy prestigiosa, la Sociedad de Auxilios Mutuos “El Porvenir”, quiso un día hacer bendecir en la iglesia parroquial un magnífico estandarte de seda, bordado con oro; pero, como en aquellos días habían prohibido las autoridades chilenas exhibir banderas peruanas en la ciudad, fue menester enviar una comisión de socios a la intendencia a recabar el permiso correspondiente. La negativa del general Vergara fue rotunda.
– No quiero banderas en las calles –dijo–. Provocan manifestaciones patrióticas, y esas manifestaciones dan origen a contramanifestaciones que ponen en peligro el orden público.
Y no hubo medio de hacerle variar la resolución.
Días después, ya en vísperas del 28 de julio, la Sociedad “El Porvenir”, que deseaba celebrar de alguna manera el Día de la Patria, volvió a solicitar el permiso deseado, y el Intendente volvió a denegarlo.

– Lleven el estandarte a la iglesia en una caja –dijo– y en la misma forma vuelvan con él al local de la Sociedad. Así nos ahorraremos un conflicto.
Insistió la comisión, alegando que en Tacna todas las colectividades extranjeras, incluso la china enarbolaban su bandera cuando les placía y que no era justo que, sólo los peruanos, que estaban en suelo propio, se viesen privados de esta libertad.
Una idea extraña, sabe Dios de qué alcances posteriores, debió cruzar en ese momento por el cerebro del general Vergara, pues, cambiando repentinamente de tono, dijo:
– Tienen ustedes el permiso que solicitan; pero con la condición de que me garanticen, bajo responsabilidad personal, que al conducir la bandera por las calles, el pueblo peruano no hará manifestación alguna de carácter patriótico. Exijo, desde luego, de un modo concreto, que no haya aclamaciones, ni vivas, ni el más leve grito que signifique, ni remotamente, una provocación para el elemento chileno.
Los miembros de la comisión se miraron un tanto desconcertados, estimando, sin duda, demasiado aventurado el compromiso que se les imponía; pero, resueltos a todo, lo aceptaron, poniendo así, en grave riesgo su responsabilidad.
– Está bien, señor intendente –dijo uno de ellos hablando por todos–. No se oirá un solo grito en las calles durante la procesión del estandarte.
Al día siguiente los diarios peruanos, a la vez que daban a conocer al público el grave compromiso contraído por la comisión, recomendaban eficazmente a los hijos del lugar que el día de la fiesta honraran con su actitud la palabra empeñada al mandatario de la provincia.
Los aprestos para la gran ceremonia, que debía realizarse una semana después, en el Día de la Patria, comenzaron desde luego con toda actividad en medio de la más intensa expectación pública.
La institución encargada de organizar el programa –conocedora del carácter altivo y rebelde de la gente de Tacna– abrigaba el íntimo temor de que la fiesta acabara en tragedia. Un viva al Perú, contestado con un viva a Chile, podía convertir las calles de la ciudad en un campo de batalla. En medio de esta incertidumbre, llegó, por fin el 28 de julio.
En las primeras horas de la mañana, más de ochocientos miembros de la Sociedad “El Porvenir” condujeron a la iglesia de San Ramón –la principal de Tacna– el estandarte que habría de bendecirse. Esta traslación se realizó, intencionalmente, por calles poco concurridas, a fin de evitar, en lo posible, que la hermosa bandera fuese conocida por el vecindario antes de la ceremonia.
Comenzó ésta a las diez con el concurso de casi la totalidad de la población peruana.
Las tres naves del templo estaban materialmente repletas de gente. Afuera, en el atrio y en las calles adyacentes, una multitud incontable aguardaba, impaciente el fin de la fiesta religiosa para escoltar la bandera del cautiverio.
En el altar mayor oficiaba, auxiliado por dos diáconos, el cura vicario de la parroquia, doctor Alejandro Manrique –antecesor del célebre cura Andía– que poco después sacrificó su vida en servicio de la Patria.
Bendíjose el estandarte; cantóse un Tedéum solemne, y en seguida el vicario subió al púlpito y habló a la enorme concurrencia, exhortándola a mantener siempre latente en el alma el amor a Dios y a la Patria; a soportar con entereza las amarguras del cautiverio y a confiar sin desmayo en las reparaciones justicieras del porvenir.
Esta oración, intitulada “La Cruz y la Bandera”, conmovió intensamente al auditorio.
Terminada la ceremonia, la concurrencia comenzó a abandonar el templo y a engrosar el inmenso gentío que se agitaba, imponente, en los alrededores.
Al último, cuando ya no quedaba nadie en el interior de la iglesia, apareció en la puerta, sostenida en alto, hermosa y resplandeciente como nunca, la bandera blanca y roja del Perú…
Y entonces, en aquel instante solemne, ocurrió allí, en la calle llena de sol y apretada de hombres, mujeres y niños, de toda condición social, algo inesperado y grandioso; algo que no olvidaré nunca; algo que me hizo experimentar una de las emociones más hondas de mi vida.
Apareció el estandarte en la puerta del templo, y las diez mil personas congregadas en el atrio y en las calles inmediatas se agitaron un momento y luego, sin previo acuerdo, como impulsadas por una sola e irresistible voluntad, cayeron, a la vez, de rodillas extendiendo los brazos hacia la enseña bendita de la Patria.
No se oyó una exclamación, ni una sola exclamación, ni el grito más insignificante. Sellados todos los labios por un compromiso de honor, permanecieron mudos. Y en medio de aquel silencio extraño y enorme que infundía asombro y causaba admiración, la bandera, levantada muy arriba, muy arriba, avanzó lentamente por en medio de aquel océano de cabezas descubiertas.
Y pasó la bandera y detrás de ella, como enorme escolta, avanzó el pueblo entero, y aquella procesión sin músicas ni aclamaciones– siempre en silencio, siempre majestuosa– recorrió, imponiendo respeto, y casi miedo, los jirones más céntricos de la ciudad cautiva.
En una bocacalle, un antiguo soldado del Campo de la Alianza, un hombre del pueblo invalidado por un casco de metralla, se abrió paso, como pudo, por entre la compacta muchedumbre, y aproximándose al estandarte, besó con unción religiosa los flecos de oro de la enseña gloriosa. Y un enjambre de niños imitó luego al viejo soldado. Y ante aquel espectáculo, a la vez sencillo y sublime, hube de apretar los ojos para contener las lágrimas.
Al paso del cortejo –en el cual el gentío parecía transfigurado por el dolor y el patriotismo– los transeúntes se descubrían pálidos de emoción, y hasta los oficiales y soldados chilenos, visiblemente impresionados, levantaban maquinalmente la mano a la altura de sus gorras prusianas en actitud de hacer el saludo militar.
Hace largos años que presencié este episodio. En el tiempo trascurrido hasta ahora, sucesos de toda índole han impresionado fuertemente mi espíritu; pero ninguno –lo repito– ha dejado huella más honda que éste en mi corazón.
Ahora, al evocarlo después de tanto tiempo, pasan por mi memoria otras cien anécdotas patrióticas ocurridas en nuestras provincias irredentas, y mi ánimo se conforta y crece mi confianza en la salvación de esos pueblos, dignos mil veces de un gran porvenir, y siento orgullo, grande y legítimo orgullo de haber nacido en Tacna.
Tomado de: http://goo.gl/eFfTVY

Tacna no se vende

El patriótico pueblo tacneño, con marchas de protesta anuló el proyecto de resolución suprema del Ministerio de la Producción, por el cual se pretendía dar propiedad a los chilenos dentro de los 50 km de frontera, violando la Constitución de la República.




Escribe: Alan Fairlie.
“Tacna no se vende”. Ese es el nombre del colectivo que se formó en Tacna, para enfrentar el proyecto de resolución suprema del Ministerio de la Producción, por el cual se pretendía dar propiedad a los chilenos dentro de los 50 km de frontera, violando la Constitución de la República.
Finalmente, el gobierno desistió y retiró el proyecto.
LA VERSIÓN OFICIAL
“Ministerio de la Producción deja sin efecto proyecto de decreto supremo que autoriza compra de terrenos en Tacna por parte de inversionistas extranjeros”, “se ha estimado conveniente dejar sin efecto el trámite de aprobación del citado proyecto de decreto supremo”, en relación con la consulta a la sociedad civil efectuada por este sector.
Menciona también que se recibieron múltiples opiniones, que evidencian una variedad de intereses y posiciones sobre esta temática. Por ello, se hace necesario profundizar el análisis tomando en cuenta sus implicancias nacionales e internacionales.
“Dada su naturaleza, este asunto se discutirá en el marco de la política nacional de desarrollo fronterizo”.
Efectivamente, se debió analizar las implicancias antes de sacar la propuesta. Y, no puede estar desligado de las políticas de frontera y de integración fronteriza. Hemos sido testigos de la abnegada labor que con pocos recursos realizan en este rubro funcionarios de Cancillería, Fuerzas Armadas y de seguridad, y otras dependencias del Estado.
Pero, políticamente, hay un abandono secular de las fronteras, que además hemos perdido con el tiempo o cuyas poblaciones deben atender sus servicios básicos en el país vecino. Es indispensable impulsar de inmediato una política de desarrollo fronterizo, que implica un planeamiento regional y ordenamiento territorial.
LA VERDAD DE LA MILANESA
Pero, no es por la buena voluntad del gobierno, o del ministro que tuvo que poner la cara. Tuvo que retroceder, por el momento, por la movilización de Tacna la Heroica, que una vez más dio un ejemplo de dignidad nacional. Calcularon mal, subestimaron esa reacción, y la que se produjo en el resto del país liderada por colectivos patrióticos.
Se derrotó la millonaria propaganda que hace varios meses se dio como “ablandamiento”, para lograr una aceptación por lo menos pasiva. Se dijo traería empleos, pagarían impuestos, favorecería a la región. O sea, vender Tacna por un plato de lentejas.
Es cierto que se necesitan inversiones y empleos, pero en vez de promover créditos baratos a los comerciantes y pequeños y medianos empresarios, y la inversión nacional (como en la reconstrucción), se pretendió usar esa necesidad para dar propiedad a los extranjeros. El Perú tiene una deuda histórica con Tacna, no solo por el cautiverio de 50 años, sino porque en el Acuerdo de La Haya, salió perjudicada, prácticamente con una costa seca. Se le prometió un paquete de inversiones de infraestructura, servicios de manera integral, en la denominada Acta de Locumba. Apoyo para agricultores, pescadores artesanales, distrito La Yarada-Los Palos, pymes, Zofra-Tacna, son una necesidad perentoria.
El problema del desarrollo de Tacna y la macro-región sur es una responsabilidad del Estado peruano, no de los vecinos. Se requiere una estrategia integral, donde la integración fronteriza (pero no asimétrica) debe ser un pilar.
LA RELACIÓN BILATERAL
Se ha dado el primer gabinete binacional con Chile, lo que es positivo. Pero el gobierno debería difundir a la población los 100 acuerdos a los que se ha llegado, según declaraciones de la presidenta Bachelet. No vaya a ser que tengamos nuevas sorpresas, como el decreto retirado temporalmente.
Se deben tener buenas relaciones con todos los vecinos, pero deben ser simétricas. Hacia ello debemos caminar con Chile. Se debe cambiar el patrón de comercio en el que nosotros enviamos materias primas, mientras importamos productos de mayor valor agregado. Algo similar ocurre con las inversiones, ellos están en todos los sectores productivos (incluidos los estratégicos), mientras nosotros en unos cuantos. Un TLC que los beneficia y consolida las asimetrías.
Una influencia que también se da en el plano político y cultural, contexto en el que la entrega de la propiedad en la frontera, era la última etapa a lograr. Nada que objetar a los socios empresariales de los vecinos, siempre que no sean testaferros. Pero, si llegan al gobierno, no pueden seguir operando en función de esos intereses privados, la soberanía del país está por encima.
LECCIONES
Algunas lecciones que nos deja el colectivo “Tacna no se vende”, es la rápida reacción, la convocatoria y acción unitaria, la organización y respuesta movilizadora en muy corto plazo. Muestra que a pesar de las campañas de desinformación, de que casi no se enseña Historia del Perú en la escuela, hay una fibra nacional histórica, cultural que allí está y que hay que cultivar para no repetir los errores de la Historia.
Tacna una vez más nos marca el camino. Los movimientos sociales en lucha, con los que nos solidarizamos, podrían mirarse en ese espejo, y posiblemente habría aún mejores resultados.

El Perú ajeno

Manda el señor dinero ¿Cómo se explica, que nuestros principales puertos, áreas urbanas, espacio aéreo, minerales, recursos naturales y hasta nuestros pescaditos sean entregados sin pestañeo alguno a manos de Chile?



Escribe: Alejandra Dinegro.
La leche no es leche, el chocolate no es chocolate y el Perú, dejó de ser peruano. Es necesario decirlo así tan fríamente, porque el Perú dejó de preocuparse de sus propios habitantes, de su cultura, de su tradición, de sus valores, de su presente y su futuro.
Todos los países del mundo resaltan sus grandes valores representativos, lo mejor de su arte, de su industria, de su educación, de sus tradiciones: pero el Perú sigue siendo “madrastra de sus propios hijos y apasionada madre de ajenos”, como bien lo dijo, el Inca Garcilaso de la Vega.
CHILE
Las pretensiones que Chile mantiene hacia nuestro país, es un sueño históricamente sostenido por parte de la república sureña. Los propósitos de Chile siempre fueron la conquista y la anexión de territorios bajo la tutela de ellos. Pero ese no es el tema de fondo, seguirá siendo nuestro hermano país vecino.
Las hazañas y tradiciones históricas que como legado, nos dejaron grandes personajes nacidos en nuestra tierra, son simplemente tirados por la borda y reemplazados por las órdenes del señor dinero. ¿Cómo se explica, que nuestros principales puertos, áreas urbanas, espacio aéreo, minerales, recursos naturales y hasta nuestros pescaditos sean entregados sin pestañeo alguno a manos de Chile? Pero nuevamente, el problema de fondo no es ese.
El problema central es la élite gobernante del Perú que se dedica a regalar todo aquello que pueda comercializar y que esté al alcance de sus manos, sin pensar en un proyecto país que deje de sostenerse en un modelo primario exportador. En sus razonamientos ni se asoma la importancia de impulsar el mercado interno, la producción agraria nacional, las mypes, la diversificación productiva y los procesos de industrialización, allí donde hay materia prima para hacerlo.
No hay problema en que el capital privado invierta en nuestro país, es saludable abrir nuestro mercado a inversionistas de todo el mundo. Sin embargo, hacemos hincapié en el hecho de favorecer con prerrogativas legales y políticas, la adjudicación de importantes núcleos focales que nos permitirían -con una adecuada política de gobierno-, fortalecer importantes áreas nacionales que mantienen en pie al país.
Al Perú NO lo sostiene la gran empresa que mantiene deudas millonarias con el Estado (más de 12 mil millones de soles). Todas ellas, empresas extranjeras, usureras, que brindan un mal servicio, monopólicas, que contaminan, que fomentan la corrupción, que explotan y que tienen una considerable influencia en el sector gubernamental del Perú. Por lo tanto, quienes sostienen este país, son el sector construcción, microempresarial, manufacturero, nuestros recursos energéticos, pesqueros, textil, agrario, entre otros. Lamentablemente, todos en ellos en crisis por sus bajos niveles de productividad desencadenados por la ausencia de interés público en potenciar estos sectores nacionales.
Si el Gobierno quisiera hacer historia, se pondría los pantalones y haría lo que gobiernos anteriores no hicieron: cobrarle esta inmensa deuda a estos grandes consorcios empresariales y traer dinero al fisco para elevar los salarios de los profesores, médicos, trabajadores, en fin. Pero no lo hará porque justamente forman parte activa de estos grandes consorcios empresariales que le suple de tecnócratas con ninguna muñeca política para resolver los problemas de este país llamado Perú.
SOLO POR DAR UN EJEMPLO
Las empresas transnacionales Telefónica y Pluspetrol (los mayores deudores con el Estado) tienen una fuerte influencia en el Gobierno actual de PPK. Tanto así que la actual ministra de Energía y Minas, fue directora de la empresa española Llorente & Cuenca y luego vicepresidenta de la Confiep, que tienen como clientes y colaboradores a Telefónica del Perú y a Pluspetrol, respectivamente. Por cuestiones tan básicas como estas, sabemos que sencillamente PPK y su Gabinete alimentan bocas ajenas dejando hambrientos a los suyos. Eso sin mencionar, al ministro de Producción y más.
Y el hijo ajeno que hoy en día alimenta, es Chile, nuestro eterno hermano celoso. Debido a la salida de los huaycos y a los miles de afectados, el Estado emprendió la fase de “Reconstrucción con cambios” y tuvo la genial idea de comprar viviendas temporales de cartón. Hasta el momento se han adquirido 20, 465 módulos de 18m2(no cuentan con baño, ni luz o agua y duran menos a 3 años, y cuesta S/ 15,000). Sin embargo, la misma vivienda, construida en madera con techo de calamina, fabricado en el mercado nacional, cuesta 3,500 soles. Pese a ello, la compra se le realizó a 3 empresas chilenas.
Hace unas semanas, mientras nos tenían obnubilados con el tema Venezuela, el Ministerio de la Producción, emitió un decreto inconstitucional que exoneraba a empresarios chilenos de no poder comprar, dentro de los 50kms de frontera, terrenos para que Aventura Plaza y Open Plaza (empresas del Grupo chileno Falabella), tener propiedades con el fin de levantar ‘malls’ en dicha zona .El 9 de agosto el Ministerio retrocedió a regañadientes.
Nuestra anchoveta es el pez más barato y codiciado a su vez, pues se paga menos de 5 dólares por tonelada extraída. Chile y sus empresas tienen licencias para pescar en todo nuestro litoral, especialmente en aquel trapecio que nos llevó hasta la Corte de la Haya. Con toda la variedad de riqueza marina, no tendría por qué elevarse los niveles de anemia en nuestros niños, ni debería existir desnutridos.
¿Cuál es el gran interés de PPK y de su Gobierno, en favorecer a ciertas empresas chilenas, en determinadas inversiones en nuestro territorio? ¿Será que aún no olvida sus puestos gerenciales en muchas de esas empresas?