miércoles, 25 de mayo de 2016

¿Qué pasó cuando el fujimorismo fue mayoría en el Parlamento?

La mayoría fujimorista en el Parlamento representa un peligro inminente para la democracia y el orden constitucional en el Perú. Sobre todo, si tomamos en cuenta que existe la posibilidad real, hoy más que nunca, que el fujimorismo vuelva a copar, como en 1995, tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo.

Por: Rafael Rodríguez (*)

De acuerdo a los resultados oficiales emitidos por la ONPE, el fujimorismo ha obtenido 72 de los 130 escaños congresales en las Elecciones Generales 2016. Eso quiere decir que la bancada fujimorista cuenta con mayoría absoluta en el Parlamento, y que por tanto, no requerirá de ningún tipo de alianza o concertación para adoptar medidas como la aprobación de leyes ordinarias, leyes orgánicas, o leyes de reforma constitucional (con el respaldo de un referéndum, claro está).
Al respecto, cabría preguntarnos qué pasó en el Perú durante los años en los que el fujimorismo, además de ser Gobierno, tuvo mayoría absoluta en el Parlamento. En otras palabras, resulta sumamente importante recordar si la bancada fujimorista se comportó como una fuerza política democrática, o si más bien actuó como una aplanadora plebiscitaria capaz de violar sistemáticamente los principios básicos de nuestra Constitución.
En 1995, Alberto Fujimori se presentó por segunda vez a las elecciones presidenciales obteniendo el 64% de los votos. Asimismo, su organización alcanzó el 52% de los votos para el Congreso, porcentaje que le permitió obtener 67 de los 120 escaños parlamentarios. Como se puede apreciar, en aquella oportunidad, el fujimorismo también alcanzó la mayoría absoluta en el Parlamento. Una mayoría que al poco tiempo de ser elegida incurrió en una serie de prácticas antidemocráticas que socavaron los frágiles cimientos del Estado de Derecho en el Perú.
Así, por ejemplo, en 1996, tan solo un año después de haberse instalado el nuevo Congreso, el fujimorismo logró aprobar la controvertida Ley de Interpretación Auténtica, que favorecía a un único peruano: al amparo de esta ley (abiertamente inconstitucional) se dejaba listo el camino para la tercera postulación presidencial de Alberto Fujimori, a pesar de que la Constitución de 1993, aprobada por mayoría fujimorista, la prohibía expresamente. Es decir, el aluvión de votos fujimoristas en el Parlamento sirvió para violar flagrantemente su propia Constitución.
Sin embargo, al año siguiente, en 1997 el Tribunal Constitucional declaró “inaplicable” la Ley de Interpretación Auténtica, ello en virtud de un recurso constitucional presentado por el Colegio de Abogados de Lima. Frente a ello: ¿Qué hizo la mayoría parlamentaria fujimorista? En la muestra más clara de autoritarismo y arbitrariedad, la bancada fujimorista, encabezada por el parlamentario Enrique Chirinos Soto, logró la destitución de los tres magistrados que habían fallado en contra de la tercera postulación de Alberto Fujimori aplicando lo que la doctrina constitucional denomina “Control Difuso”: Manuel Aguirre Roca, Guillermo Rey Terry y Delia Revoredo Marsano.
A pesar de ello, la oposición y la sociedad civil organizada decidieron impulsar un referéndum en contra de la Ley de Interpretación Auténtica, y con ello, convocar a los peruanos a manifestar en las urnas su rechazo a la tercera postulación de Alberto Fujimori. No obstante ello, una vez más, la arbitrariedad de la mayoría fujimorista se impuso logrando obstaculizar la iniciativa organizada por la oposición, la misma que contaba con el respaldo mayoritario de los peruanos. Es más, en el camino la mayoría fujimorista aprobó nuevos requisitos para el proceso de referéndum tornando imposible su celebración.
Finalmente, Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, luego de sobornar a los dueños de los medios de comunicación más importantes del país, se encargaron primero de cerrarle las puertas de la televisión y de la radio a quienes criticaron la Ley de Interpretación Auténtica, así como a aquellos que estuvieron detrás del referéndum en contra de la misma. Luego, ya en 2000, durante la campaña electoral, esos mismos medios de comunicación, digitados por Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, y con el apoyo de la mayoría fujimorista, se convirtieron en los sicarios políticos de todos los que decidieron competir en contra del fujimorismo: Alberto Andrade, Luis Castañeda, Alejandro Toledo, entre los más conocidos.
A la luz de lo expuesto, resulta evidente que la mayoría fujimorista en el Parlamento representa un peligro inminente para la democracia y el orden constitucional en el Perú. Sobre todo, si tomamos en cuenta que existe la posibilidad real, hoy más que nunca, que el fujimorismo vuelva a copar, como en 1995, tanto el Poder Ejecutivo como el Poder Legislativo. Más aún, cuando los rasgos distintivos que caracterizaron al fujimorismo de los noventa siguen siendo los mismos: autoritarismo político, mercantilismo económico y populismo clientelista.

(*)Abogado PUCP. Post Grado y estudios de Maestría en Ciencia Política y Gobierno (PUCP). Profesor de Derecho Electoral e Historia de las Ideas Políticas 1 y 2 en la Facultad de Derecho de la Universidad San Martín de Porres.

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