sábado, 27 de febrero de 2016

Maravillosa experiencia conviviendo con la naturaleza



Al promediar las once de la mañana, llegamos al conocido Higuerón que en un tiempo atrás, era visitado por gran cantidad de tembladerinos en época de Semana Santa, Víctor nos relató que después de cuarenta años volvía por esos lugares de añoranza.

Por: Luis Flores Mostacero.

Seis de la mañana, a penas aparecían las primeras luces del nuevo día, los tres exploradores nos juntábamos para dar inicio a nuestro objetivo, poco a poco iban quedando atrás las últimas casas de Tembladera, teníamos que atravesar la propiedad de la Empresa Cementos Pacasmayo, por suerte en la garita no nos hicieron ningún inconveniente, continuamos por la carretera de la mencionada empresa hasta cruzar el cauce de la Quebrada Honda, luego por una loma arcillosa, de mucha pendiente, ascendimos; paso a paso se observaba en su máxima extensión nuestro querido pueblo, a medida que avanzábamos, más pronunciada se hacía la cuesta, hasta que estuvimos casi al pie de nuestro principal objetivo, las neblinas merodeaban por nuestro contorno y así, entre achupallas, gualtacos y piedras escalamos el último tramo hasta alcanzar la cima de la Peña Blanca, aproximadamente dentro de tres horas estuvimos apreciando la maravilla de la naturaleza, desde lo alto, desde más de mil cien metros de altura, observábamos Tembladera, la Represa Gallito Ciego, la cuenca de la Quebrada Honda, un cielo nublado, los cerros cubiertos de constante neblina, como si quisieran ocultar su misterio, aun así se hacían las impresiones fotográficas, tratando de grabar la majestuosidad pétrea de la famosa Peña Blanca, que todos los tembladerinos observan desde cualquier calle, a ese enigmático fenómeno de la naturaleza, con rostro humano.

La melodía de las aves canoras daba un ambiente de encanto a la pasividad de ese exótico lugar; como si se acostumbrara a nuestra presencia, poco se fueron replegando las nieblas a la altura, mientras bandadas de loros en las lejanas peñas nos recibían con clásico griterío, cuculas, santa rosas, todos cantaban a lo que mejor podían, después de recorrer la extensión de la peña y llevar las mejores imágenes en nuestra ya muy trabajada cámara fotográfica, empezamos el descenso por la parte norte, por un camino hecho por los animales que pastan por esos lugares; atravesamos las faldas de los cerros contiguos, para después empezar una bajada zigzagueante, acompañados por el canto de los chiscos, que desde luego estrenan su amplísimo repertorio y nunca, nunca repiten un canto, llegamos a la quebrada, donde verdes espinos nos esperaban con su fresca sombra, continuando nuestro camino descendimos por la Quebrada abajo, al promediar las once de la mañana, llegamos al conocido Higuerón que en un tiempo atrás, era visitado por gran cantidad de tembladerinos en época de Semana Santa, Víctor nos relató que después de cuarenta años volvía por esos lugares de añoranza, después de un leve descanso emprendimos nuestro regreso llegando a Tembladera cerca de las doce y treinta…

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