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jueves, 5 de mayo de 2022

Perú, una afrenta intolerable

 


Escribe: Gustavo Espinoza M.

 Aún beneficiado por una muy discutible decisión del Tribunal Constitucional, Alberto  Fujimori será siempre un reo condenado a cárcel perpetua. Sometido a un limpio y trasparente proceso judicial el año 2008, recibió en su momento una sentencia que no se condijo nunca con  la gravedad de sus acciones.

Si hablamos de los delitos cometidos por él, tendríamos muchas páginas por llenar. Debemos entonces, referirnos a los acontecimientos esenciales, a los que lo situaron como uno de los 7 dictadores más perversos y corruptos de la historia en el siglo XX.

Alberto Fujimori llegó al Poder como un aventurero con suerte, de la mano del APRA, que lo catapultó y con la votación de un  pueblo, asustado ante la amenaza de un brutal “ajuste” Neo Liberal que finalmente, él mismo implementó.

Aún antes de asumir la jefatura del Estado –en junio de 1990- se entregó al Fondo Monetario, para aplicar el “modelo” Neo Liberal. Ya en el Poder, -y luego del Fujishock de agosto del 90- llegó a  la conclusión que ese “proyecto”, sólo podría concretarse mediante un  Golpe de Estado.

Así ocurrió el 5 de abril del 92, que derivó en la instauración de un régimen Neo Nazi, extremadamente cruel y corrupto. Haciendo honor a sus ancestros –las viejas camarillas guerreristas niponas-  vivió desde el inicio de su régimen a la sombra del instrumento más cruel y despiadado incubado por el Imperio: la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos,  representada por su “asesor Presidencial”, con quien compartió impúdicamente el Poder. Juntos, diseñaron y aplicaron una estrategia destinada a destruir la economía nacional y apoderarse de todos los resortes del Poder.

Concluyeron con el desmantelamiento de las reformas del gobierno de Velasco, depuraron la institución castrense para eliminar sectores patrióticos y nacionalistas y diseñaron una estrategia destinada a fascistizar a la Fuerza Armada a fin de quebrar la idea de la Unidad del Pueblo y la Fuerza Armada como instrumento de acción liberadora en el país.

 Así, agigantaron hasta el paroxismo la “amenaza terrorista”  y asustaron a parte de la población intimidándola con el “peligro senderista”, que les sirvió para mimetizar en un  sólo símbolo el terror, la barbarie y el socialismo.

A partir de esa política, impusieron  la violencia más cruel de nuestra historia. Fujimori –quien se hizo llamar “Chinochet” con alegría- destruyó todos los vestigios de respeto a los derechos humanos.

Desapariciones forzadas, ejecuciones extra judiciales, privaciones ilegales de la libertad, establecimiento de centros clandestinos de reclusión y la tortura institucionalizada; fueron el pan del día entre 1990 y el año 2000. Sólo en 1996,  fueron detenidas 650 mil personas; y el año siguiente 670 mil; la inmensa mayoría de ellas fueron sometidas a lo que la normatividad señala como “tratos crueles, inhumanos y degradantes”. De ese modo “restauraron la paz”, una Paz de Cementerios, que dejó una muy dolorosa estela

Matanzas  como las Huaral y Huaura, El Santa, Barrios Altos, La Cantuta; o crímenes, como el de Pedro Yauri, Juan Andagua, o Pedro Huilca, fueron simbólicos. Representaban la voluntad de acabar con todo vestigio de oposición a sus  designios.

Pero las operaciones militares en el interior del país rebasaron largamente la apariencia de un “conflicto interno” y se proyectaron como una verdadera guerra de exterminio contra las poblaciones nativas y pueblos originarios. Así pudo catalogarse también el programa de esterilizaciones forzadas, al que fueran sometidas más de 350 mil mujeres en el país.

El 75% de las víctimas de todas estas prácticas, fueron habitantes de zonas rurales, poblaciones originarias y quechua-hablantes. Ancianos, hombres, mujeres y niños, sufrieron por igual los efectos de esta política devastadora que nunca será suficientemente conocida.

Mientras todo esto ocurría, el Mandatario y su entorno, se robaron el país, remataron las empresas públicas, y saquearon el erario nacional. Sólo Alberto Fujimori se apoderó de seis mil millones de dólares que hoy permiten a sus hijos, ser propietarios de boyantes empresas mineras y otras.

En su momento se denunció también que robaron barras de oro del Banco Central y hasta el Oro de Paititi, una de las riquezas históricas de la nación. Cuando fue denunciado y se vio descubierto, huyó del país, renunció por fax, y finalmente se refugió en el Japón donde tuvo el cuajo de postular  -sin suerte- a una Curul en el Parlamento Nipón. Finalmente pretendió volver al Perú, pero se refugió en Chile, desde donde fue extraditado.

Sometido a un proceso penal –el más limpio de nuestra historia- fue condenado. No obstante, nunca estuvo realmente preso. Confinado en un Centro Recreacional de la Policía, el ex Fundo Barbadillo, dispuso de más de 170 metros cuadrados con jardines propios y otras comodidades.

Tuvo,   de manera permanente, televisión por cable, internet, teléfonos celulares y visitas constantes de familiares y amigos. Fue objetivamente el más privilegiado de los reos. Nunca se arrepintió de sus   crímenes, jamás reconoció delitos, ni pidió perdón a sus víctimas o a los familiares de ellas. Tampoco pagó un  centavo de la “reparación civil” que le fuera demandada, ni devolvió nada de lo que robó.

Este reo, es hoy favorecido por una decisión írrita del TC impuesta apenas por una muy precaria correlación de fuerzas. Eduardo Ferrero, amigo de Keiko y ahora Presidente del TC, tuvo que votar penosamente en dos ocasiones dos veces para asegurar una decisión que nuestro pueblo repudiará siempre.  Y es que no se perdonará a este asesino, ni se borrarán los hechos vividos en esos años de barbarie.

Aunque pareciera que finalmente, en el Perú la impunidad se impone, nadie sabe cuántas vueltas da la tuerca.  Los que hoy ríen, mañana habrán de llorar desconsolados. Y es que este indulto es una afrenta intolerable

domingo, 4 de febrero de 2018

La traición de Kuczynski



"Si PPK llega a infiltrarse en la historia será sólo por la infame credencial de haber traicionado a los millones de compatriotas que lo llevamos a la Presidencia".


Escribe: Mario Vargas Llosa.
El presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, se salvó de milagro el 21 de diciembre de ser destituido por “permanente incapacidad moral” por un Congreso donde una mayoría fujimorista le había tumbado ya cinco ministros y tenía paralizado a su Gobierno.
La acusación se basaba en unas confesiones de Odebrecht, en Brasil, afirmando que en los años en que Kuczynski fue ministro de Economía y Primer Ministro, la empresa brasileña había pagado a una compañía suya la suma de 782.207,28 dólares. A la hora de la votación, se dividieron los parlamentarios del APRA, de Acción Popular, de la izquierda y –oh, sorpresa– los propios fujimoristas, diez de los cuales, encabezados por Kenji, el hijo de Fujimori, se abstuvieron. Los que respaldaron la moción se quedaron ocho votos por debajo de los 87 que hacían falta para echar al presidente.
Esta sesión fue precedida de un debate nacional en el que todas las fuerzas democráticas del país rechazaron el intento fujimorista de defenestrar a un jefe de Estado que, si bien había pecado de negligencia y de conflicto de intereses al no documentar legalmente su separación de la empresa que prestó servicios a Odebrecht mientras era ministro, tenía derecho a una investigación judicial imparcial ante la cual pudiera presentar sus descargos, y a lo que parecía un intento más del fujimorismo para hacerse con el poder.
Vale la pena recordar que Kuczynski ganó las elecciones presidenciales poco menos que raspando y gracias a que votaron por él todas las fuerzas democráticas, incluida la izquierda, creyéndole su firme y repetida promesa de que, si llegaba al poder, no habría indulto para el exdictador condenado a 25 años de cárcel por sus crímenes y violaciones a los derechos humanos. Hubo manifestaciones a favor de la democracia y muchos periodistas y políticos independientes se movilizaron contra lo que consideraban (y era) un intento de golpe de Estado. En un emotivo discurso (por el que yo lo felicité) el presidente pidió perdón a los peruanos por aquella “negligencia” y aseguró que, en el futuro, abandonaría su pasividad y sería más enérgico en su acción política.
Lo que muy pocos sabían es que, al mismo tiempo que hacía estos gestos como víctima del fujimorismo, Kuczynski negociaba a escondidas con el hijo del dictador o con el dictador mismo un sucio cambalache: el indulto presidencial al reo por “razones humanitarias” a cambio de los votos que le evitaran la defenestración. Esto explica la misteriosa abstención de los diez fujimoristas que salvaron al presidente.
Las vilezas forman parte por desgracia de la vida política en casi todas las naciones, pero no creo que haya muchos casos en los que un mandatario perpetre tantas a la vez y en tan poco tiempo. Los testimonios son abrumadores: periodistas valerosos, como Rosa María Palacios y Gustavo Gorriti, que se multiplicaron defendiéndolo contra la moción de vacancia, y el ex primer ministro Pedro Cateriano, que también dio una batalla en los medios para impedir la defenestración, recibieron seguridades del propio Kuczynski, días u horas antes de que se anunciara el indulto, de que no lo habría, y que los rumores en contrario eran meras operaciones psicosociales de los adversarios.
De esta manera, quienes en las últimas elecciones presidenciales votamos por Kuczynski creyéndole que en su mandato no habría indulto para el dictador que asoló el Perú, cometiendo crímenes terribles contra los derechos humanos y robando a mansalva, hemos contribuido sin saberlo ni quererlo a llevar otra vez al poder a Fujimori y a sus huestes. Porque, no nos engañemos, el fujimorismo tiene ahora, gracias a Kuczynski, no sólo el control del Parlamento, por el 40% de votantes que en las elecciones respaldaron a Keiko Fujimori; controla también el Ejecutivo, pues Kuczynski, con su pacto secreto, no ha utilizado al exdictador, más bien se ha convertido en su cómplice y rehén. En adelante, deberá servirlo, o le seguirán tumbando ministros, o lo defenestrarán. Y esta vez no habrá demócratas que se movilicen para defenderlo.
La traición de Kuczynski permitirá que el fujimorismo se convierta en el verdadero Gobierno del país y haga de nuevo de las suyas, a menos que la división de los hermanos, los partidarios de Keiko y los de Kenji (éste último, preferido por el padre) se mantenga y se agrave. ¿Serán tan tontos para perseverar en esta rivalidad ahora que están en condiciones de recuperar el poder? Pudiera ocurrir, pero lo más probable es que, estando Fujimori suelto para ejercer el liderazgo (apenas se anunció su indulto, su salud mejoró) se unan; si persistieran en sus querellas el poder podría esfumárseles de las manos.
Por lo pronto, el proyecto fujimorista para defenestrar a los fiscales y jueces que podrían ahondar en la investigación, ya insinuada por Odebrecht, de que Keiko Fujimori recibió dinero de la celebérrima organización para sus campañas electorales, podría tener éxito. Recordemos que el avasallamiento del poder judicial fue una de las primeras medidas de Fujimori cuando dio el golpe de Estado en 1992.
El fujimorismo tiene ya un control directo o indirecto de buen número de los medios de comunicación en el Perú, pero algunos, como El Comercio, se le han ido de las manos. ¿Hasta cuándo podrá mantener ese diario la imparcialidad democrática que le impuso el nuevo director desde que asumió su cargo? No hay que ser adivino para saber que el fujimorismo, envalentonado con la recuperación de su caudillo, no cesará hasta conseguir reemplazarlo por alguien menos independiente y objetivo.
Luego de este descalabro democrático ¿en qué condiciones llegará el Perú a las elecciones de 2021? El fujimorismo las espera con impaciencia, ya que es más seguro gobernar directamente que a través de aliados de dudosa lealtad. ¿No podría Kuczynski traicionarlos también? Las próximas elecciones son fundamentales para que el fujimorismo consolide su poder, como en aquellos diez años en que gozó de absoluta impunidad para sus fechorías. En su discurso exculpatorio Kuczynski llamó “errores y excesos” a los asesinatos colectivos, torturas, secuestros y desapariciones cometidos por Fujimori. Y éste le dio inmediatamente la razón pidiendo perdón a aquellos peruanos que, sin quererlo, “había decepcionado”. Solo faltó que se dieran un abrazo.Felizmente, la realidad suele ser más complicada que los esquemas y proyecciones que resultan de las intrigas políticas. ¿Imaginó Kuczynski que el indulto iba a incendiar el Perú, donde, mientras escribo este artículo, las manifestaciones de protesta se multiplican por doquier pese a las cargas policiales? ¿Sospechó que partidarios honestos renunciarían a su partido y a su gabinete? Yo nunca hubiera imaginado que tras la figura bonachona de ese tecnócrata benigno que parecía Kuczynski, se ocultara un pequeño Maquiavelo ducho en intrigas, duplicidades y mentiras. La última vez que nos vimos, en Madrid, le dije: “Ojalá no pases a la historia como el presidente que amnistió a un asesino y un ladrón”. Él no ha asesinado a nadie todavía y no lo creo capaz de robar, pero, estoy seguro, si llega a infiltrarse en la historia será sólo por la infame credencial de haber traicionado a los millones de compatriotas que lo llevamos a la Presidencia.

Madrid, diciembre de 2017

viernes, 29 de diciembre de 2017

CIDH rechaza el indulto y Corte IDH cita a audiencia

Víctimas. Nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta fueron ejecutados por el destacamento Colina, durante el régimen de Fujimori. Créditos: Renato Pajuelo.

Vicios. Señala que participación de su médico de cabecera en junta médica afecta imparcialidad del proceso y que derecho de gracia impide indebidamente procesarlo por caso Pativilca. Audiencia extraordinaria de la Corte IDH será el 2 de febrero.

Redacción: Pamela Palacios.

El indulto humanitario concedido por el presidente Pedro Pablo Kuczynski a Alberto Fujimori desacata sus obligaciones internacionales en casos de delito de lesa humanidad, advirtió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
"Al suprimir los efectos de sentencias condenatorias referidas a crímenes de lesa humanidad y graves violaciones de derechos humanos en beneficio de Alberto Fujimori, el Estado peruano incumplió con las disposiciones de las sentencias de la Corte Interamericana y desconoció sus obligaciones internacionales", sostuvo en un comunicado.
Recordó que el año 2011 la Corte Interamericana de Derechos Humanos resolvió que los crímenes perpetrados en el caso La Cantuta constituyen delitos de lesa humanidad. Diez años antes, el mismo tribunal supranacional calificó la masacre de Barrios Altos, cometida durante el gobierno de Fujimori, como una grave violación de los derechos humanos.la cantuta
barrios altoppk.
"El derecho internacional de los derechos humanos prohíbe la aplicación de amnistías, indultos (...) a personas que han sido encontradas culpables de crímenes de lesa humanidad", remarcó.
NO CUMPLE REQUISITOS
La CIDH indicó que el indulto otorgado a Fujimori no cumple con los requisitos legales fundamentales, los elementos del debido proceso ni la "independencia y transparencia de la junta de evaluación técnica".
Manifestó que la participación del médico particular de Fujimori, Juan Postigo, en la junta médica que realizó el informe que aconseja el indulto, "viola flagrantemente el requisito de independencia y objetividad de esta junta".
Cuestionó que, además, del indulto, se le haya otorgado un derecho de gracia que lo excluye de cualquier proceso en su contra que esté en curso. En ese sentido, remarcó que el Estado ha inclumplido su compromiso internacional de investigar las violaciones de los derechos humanos, sancionar y reparar a las víctimas.
Refirió que al impedir indebidamente que siga el proceso penal en curso contra Fujimori por los crímenes cometidos en Pativilca (autorizado por la Corte Suprema de Chile ampliando el pedido de extradición), se evita esclarecer la verdad, identificar y sancionar a los responsables para que las víctimas alcancen justicia.
Sostuvo que el indulto tuvo lugar en medio de una crisis política, lo que "impide que la decisión sea transparente e incuestionable".
SESIÓN EN CORTE IDH
Por su parte, la Corte IDH acogió el pedido de las víctimas de los casos La Cantuta y Barrios Altos de realizar una audiencia urgente para exponer sus cuestionamientos al indulto de Alberto Fujimori.
La sesión se llevará a cabo en el marco de las acciones de supervisión al cumplimiento de las sentencias dictadas en ambos casos por el ente supranacional. Se celebrará el 2 de febrero de 2018 en Costa Rica y se ha convocado también a representantes del Estado peruano, la CIDH y CEJIL, así como abogados de las víctimas.
La directora de Aprodeh, Gloria Cano, refirió que explicarán que la libertad de Fujimori responde a un canje político que mella el derecho de las víctimas a la justicia.
RELATORES DE LA ONU SE PRONUNCIAN
El indulto de Alberto Fujimori es un revés para el estado de derecho en Perú, advirtieron dos relatores de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas.
Desde Génova, se pronunciaron la relatora especial para casos de ejecuciones extrajudiciales, Agnés Callamard, y el relator especial para el fomento de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Pablo de Greiff.
Expresaron su disconformidad y consternación. "Es una bofetada para las víctimas y los testigos cuyo incansable compromiso lo llevó ante la justicia", acotaron.

Recordaron que las leyes internacionales restringen amnistías, indultos y otras exclusiones de responsabilidad en graves violaciones de los derechos humanos.