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domingo, 7 de mayo de 2017

La guerra sucia más sangrienta de América del Sur






Escribe: Laura Puertas
La Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) de Perú entregó su voluminoso informe final al presidente Alejandro Toledo, donde resume y analiza las causas de la violencia política de los últimos 20 años del siglo pasado en este país.
El documento acusa a la guerrilla maoísta Sendero Luminoso y a su líder Abimael Guzmán de ser los principales violadores de derechos humanos, y estima que 69 mil 280 personas murieron o ”desaparecieron” en el periodo 1980-2000, víctimas de la insurgencia o de la represión estatal. Tres de cada cuatro eran quechua-hablantes.
El informe también endilga responsabilidad política a los ex presidentes Fernando Belaúnde (1980-1985) y Alan García (1985- 1990), y responsabilidad penal a Alberto Fujimori (1990-2000).
Este documento puso fin a dos años de investigaciones, en las que se reunieron más de 16 mil  testimonios recogidos desde 530 lugares remotos de Perú.
Respecto de las dimensiones del conflicto interno, la estimación de víctimas de la CVR supera hasta en tres veces la cifra manejada hasta ahora en el país.
Este saldo es mayor a las estimaciones independientes de 30 mil muertes o desapariciones perpetradas por la dictadura militar de Argentina entre 1976 y 1983, y es el segundo más grave de América Latina detrás de las 200 mil víctimas de la represión a la insurgencia guatemalteca (1960-1996).
La mayoría de esas víctimas vivía en zonas rurales (79 por ciento), tres de cada cuatro eran quechua-hablantes, y 68 por ciento contaban con educación primaria completa o incompleta.     
Asimismo, la CVR constató que en el departamento andino de Ayacucho —donde se inició la guerra— se concentró 40 por ciento de los muertos y desaparecidos, proporción que sube a 85 por ciento si se suman los casos registrados en los centrales Huánuco y San Martín, y en Huancavelica y Apurímac, en el sur.
Según la CVR, el principal responsable de las muertes y desapariciones es Sendero Luminoso, al que le adjudica el 54 por ciento de las víctimas, señalando que se trata de un caso excepcional entre los grupos insurgentes de América Latina.
Sendero ”desplegó extremada violencia e inusitada crueldad que comprendieron la tortura y la sevicia como formas de castigar o sentar ejemplos intimidatorios en la población que buscaban controlar”, dice el informe.
En cambio, el también guerrillero Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) fue responsable de apenas 1,5 por ciento del total de muertes y desapariciones, según las evidencias presentadas por la CVR.
No obstante, el MRTA incurrió en”actos criminales, asesinatos, toma de rehenes y a la práctica sistemática del secuestro”, asevera.
En tercer lugar, el informe se ocupa de la responsabilidad de los gobiernos democráticos de Belaúnde y García y del dictatorial de Fujimori, quien, electo democráticamente, condujo un autogolpe de Estado en abril de 1992.
Si bien el informe reconoce el mantenimiento de las formas democráticas hasta esa fecha, sostiene que quienes gobernaron ”carecieron de la comprensión necesaria y del manejo adecuado del conflicto armado”.
También afirma que en esos gobiernos se produjo una subordinación de hecho de las autoridades civiles a la estrategia antisubversiva de las fuerzas de seguridad.
La CVR estima que los gobiernos de Belaúnde, García y Fujimori son responsables pues erraron al no aplicar una estrategia integral, y permitieron que en ciertos momentos y zonas del conflicto la violación de derechos humanos se volviera una práctica sistemática de las Fuerzas Armadas. (Extracto del artículo publicado el 28 de agosto del 2003)

sábado, 12 de diciembre de 2015

Razones para el pesimismo



Por: César Hildebrandt
"Con un Poder Judicial plagado de corrupción, un Congreso como el que nos escupe, un CNM que hiede, una Fiscalía que hasta hace poco dirigieron Peláez y Ramos y que hoy es amenazada por la falta de presupuesto, una Policía podrida hasta los tuétanos, ¿qué nos queda? ¿Qué escombros de país nos han dejado? Quizá el Tribunal Constitucional se salve ligeramente, pero eso parece poco.
Entonces, para animarnos, hablemos de los partidos ¿Qué es el Apra sino un califato donde gobierna un señor que se hizo millonario con la política y unos súbditos que saben muy bien quién es ese califa al que, sin embargo, necesitan para seguir haciendo negocios o seguir siendo congresistas?
¿Y PPK no es un lobista que cree que la vejez es sabiduría y que entre lo privado y lo público no hay diferencia alguna? ¿Y Acción Popular no es la momia de Fernando Belaunde invocada por la medianía que heredó la sigla?
El Fujimorismo no es un partido sino un síntoma. Es el síntoma de lo enfermos que estamos de la patología moral que nos mina, del cáncer institucional que ya no sólo nos aleja de la OCDE sino de la civilización. Hay un 35% de peruanos que aspira reivindicar al más ladrón e inescrupuloso de todos nuestros gobernantes, un ciudadano japonés que hizo del Perú un inmenso retrete en el que los militares robaban y mataban y los congresistas encubrían y  la democracia yacía en la morgue de la prefectura de Kumamoto. Pero Fujimori tiene una virtud inextinguible: siendo de procedencia extranjera, supo como nadie interpretarnos.
El Perú taimado que tenemos, las calles atoradas en las que perdemos horas, la mugre del Vraem, el Congreso de baja estofa, los jueces a tanto el kilo, “el emprendedurismo” con pasamontañas: todo eso y mucho más es su herencia. Un país destruido, una federación de voracidades, reclama a su padre y votará por su hija. Al fondo hay sitio.
¿Y Acuña, que se apropió del nombre de Vallejo sin haberlo leído? Es el resumen de nuestra “modernidad” vista como asalto, como épica del todovale y el criollismo sin IGV. Y ya no hablemos de Toledo, un zombi que negocia su inimputabilidad.
Esa es la política peruana ¿O quieren hablar de Florez Araoz, de Mucho, de Belmont? Ese es el cementerio de Liliput. De Verónika -y otras hierbas- no es preciso decir mucho. Sólo que no tiene ninguna posibilidad de ganar. Felizmente.
¿Y los grandes medios de comunicación?
Bueno, ustedes ya saben qué es lo que pasa. Los que no están comprados sueñan con ser comprados por los grandes intereses. Y la televisión es el colon transverso del sistema.
Lo que más espanta es el narcisismo idiota que el Perú exhibe, sin pudor, ante el mundo. Nos creemos un país especial, tocado por la fortuna, privilegiado por el nivel de nuestra gente, por la diversidad de nuestro cutis y paisajes. Lo que no somos es una nación y eso es lo que no nos atrevemos a reconocer. Lo que no somos es un proyecto superior y eso es lo que los políticos jamás dirán porque su negocio es alentar el autoengaño. Heredamos Machu Picchu pero no estoy seguro si merecíamos mostrarlo como nuestro. En ese imperio interrumpido por la conquista española había, estoy seguro, el germen identitario que perdimos. De ese masivo asesinato cultural viene nuestra mirada gacha, nuestra capacidad para la traición, nuestros afanes murmurantes, nuestros silencios.
Miren lo que pasó con el último experimento “republicano”. Los nacionalistas nacieron como respuesta a los desmanes del neoliberalismo embrutecido y ladrón impuesto por Fujimori. Y han terminado gobernando como Fujimori y con los tufos del Apra más porcina. Miren a la señora Nadine que empezó como nuestra Rosa Luxemburgo moderada y ha terminado embarrada y en trance de fuga.
El pesimismo no es en Perú una opción intelectual. Es un dato surgido de la observación. Que mientan los otros.